La primera y única vez que vi cara a cara a Renzo Uccelli fue, si no me equivoco, en el año 2001. Él había sido invitado como expositor a uno de los congresos de montaña que organiza la Asociación Aire Puro y yo había ido a escucharlo.

La luna y una montaña, por Renzo Uccelli
En esos tiempos Renzo ya era un tipo al que admiraba. Sus artículos en la revista Somos, algunos de los cuales todavía conservo, fueron los primeros roces que tuve con el mundo de la montaña cuando ni siquiera imaginaba que iba a acabar enganchado a el. Sus imágenes de nevados de enorme belleza son aun algunas de las mejores estampas que he visto. Renzo fue y es un fotógrafo de montaña, un montañista que, cámara en mano, se dedicó a cautivar a su público mostrando el mundo de lo inconquistable.
Su exposición fue entretenida y apasionante y estuvo precedida de una proyección de slides de inigualable belleza, nada menos que las fotografías de lo que había sido su reciente viaje al Nepal y el Tíbet con el equipo de Perú 8 Mil en aquel histórico primer intento al Shisha Pangma. El leit motiv de su presentación fue, naturalmente, esta expedición y todas las anécdotas propias de una empresa de esas dimensiones.
Es curioso pero al día de hoy, más que del reto deportivo del ascenso, guardo mayor recuerdo de la parte del relato donde narró lo duro que fue conseguir todo lo necesario para iniciar el viaje al Himalaya. Nuevamente la paradoja del montañismo peruano se levantaba como la muralla enorme que suele ser: el país de los andes, de la civilización que hizo de las montañas su principal aliado, es la nación que vive de espaldas a ellas. El Perú no había organizado nunca una expedición nacional a los gigantes del Himalaya y tampoco parecía tener mucho interés en hacerlo.
A lo largo de meses, contó Renzo, las empresas cerraron sus puertas al proyecto y ni un sol caía en sus arcas. La cifra objetivo además no era ripio. Nada menos que cien mil dólares eran necesarios para poder coger el avión rumbo a la tierra de los ochomiles.
La pasión sin embargo es un arma poderosa y el equipo de Perú 8 Mil se la jugo por hacer realidad su sueño. Renzo, fotógrafo, periodista y comunicador al fin y al cabo, además de ser el jefe de expedición había estado encargado de armar una de las partes cruciales: conseguir la exposición mediática necesaria par asegurar el interés de los auspiciadores.
Así lo hizo y solo después de que Perú 8 Mil hiciera una transmisión en directo a través de RPP desde la mismísima cima del Huascarán –haciendo un llamado de hermandad entre Perú y Ecuador a sazón de los acuerdos limítrofes firmados con nuestros vecinos-, los auspiciadores empezaron a fijarse en el grupo de locos escaladores y estos empezaron a respirar más tranquilos. Ahora la pelota, por fin, estaba en su cancha.
Recuerdo claramente como, al final de su relato en el congreso airepurino, Renzo levantó un documento. Era el proyecto de Perú 8 Mil. Mostrándolo dijo a todos los presentes que lo dejaba a disposición de cualquier interesado. Así, comentó, ahorraba una buena parte del trabajo duro para quien deseara seguir sus pasos y deba iniciar el duro camino de buscar financiamiento. Eso sí, insistió, el camino siempre iba a ser difícil.
No se si alguien llegó a coger la posta que dejó Renzo. Salvo la continuación de la saga de Perú 8 Mil –expediciones de Richard Hidalgo incluidas- no recuerdo otro caso de proyecto de montaña financiado por la vía del auspicio privado a cambio de ser parte de un plan de marketing ofrecido por la expedición. O sea, simplificando, buscar apoyo a cambio de aparecer en la foto que será publicada en los medios.
Hace unos años, conforme fui haciéndome un pequeño espacio en Viajeros, me acordé de Renzo y de esa noche en el congreso airepurino. Por esa época la segunda expedición de Perú 8 Mil sufría los mismos problemas financieros y el tema de los auspiciadores, de alguna manera, estaba presente en el ambiente. Supongo que por la influencia del caso y, debo ser sincero, por mis ganas de hacer montaña y no contar con muchos recursos para hacerlo, una idea empezó a gestarse en mis neuronas. Colaboraba en una revista donde podía publicar, o sea el apoyo de un medio ya estaba asegurado. ¿Por qué no tratar también de conseguir que alguien financie, total o parcialmente, ascensos o viajes a cambio de salir en la foto? Es un trato, me parece, justo y como ni siquiera estaba pensando de proyectos tan ambiciosas y costosos como ir al Himalaya no sonaba para nada inviable.
La primera intentona fue sencilla y obvia. El 2006 me acoplé a un tour guiado al Chachani gracias a una mención del nombre de la agencia en el artículo que salió en la revista. O sea un canje. Nada novedoso, nada del otro mundo.
La cosa cambió el año pasado cuando publicaba artículos para este blog y mis objetivos se volvieron algo más grandes. El destino elegido era obvio. El Pariacaca.
Persigo a esa montaña desde hace años y se que tenemos que llegar a conocernos. Para mi es casi una cuestión de determinismo y el dios, por supuesto, es él. Claro que más allá de mi motivación personal, al Pariacaca le sobran elementos para ser un destino interesante para cualquiera. Tiene historia, mito, belleza, y simbolismo de sobra. ¿Cómo alguien no va a querer cubrir el costo necesario para financiar un reportaje que intente presentarlo a un público masivo? ¿Quién no va a querer salir en la foto al lado de este dios? ¿Qué medio se podría resistir a publicar una nota sobre el ascenso a uno de nuestros apus más importantes? Nica, se tiene que poder.
El primer paso era claro. Convencer a la plana mayor de la revista a publicar el artículo y sobretodo permitir que este promocione a la marca auspiciadora de la expedición. Acepto que no fue difícil. Hace ya algo más de un año atrás había conversado con Guillermo y Anna, director y editora de la revista respectivamente, la posibilidad de tratar el tema y hubo interés. El interés seguía presente pero el tema del auspicio era algo más delicado. Todo estaba en función de quien era el susodicho auspiciador. Comprensible.
Un medio periodístico tiene una línea editorial y, fruto de tener convicción en esa línea, es recurrente que haya colisiones de toda intensidad con instituciones, empresas o personas que atentan contra las ideas que defiende el medio. Viajeros, comprometida en causas tan calientes como las medioambientales y conservacionistas, obviamente no es la excepción. Estoy seguro que justamente por eso muchos la leen, otros muchos colaboran desinteresadamente con ella y un grupo indeterminado preferiría que no existiera. Vamos, era obvio que ni la Doe Run me iba a auspiciar ni a Guillermo y Anna les iba a hacer gracia aceptar un apoyo de esa ralea.
Con esa premisas en la cabeza tuve un par de amagues en la búsqueda de auspiciador pero decidí desistir de ellos por la poca idoneidad moral de los mismos. Finalmente, a principios de este año, tratando de ponerme en contacto con Alberto Hung del club Camycam para hacerle una entrevista, me enteré que él era distribuidor de Herbalife. Haciendo memoria recordé una invitación de hace años para ser vendedor –bueno, es más que eso en realidad- de la marca echa por Karla, una chica que colaboraba en la revista. Ella y su esposo Julises fueron de los primeros en distribuir Herbalife en Perú y tenía entendido que en la actualidad se dedicaban a tiempo completo a trabajar en ese negocio.
Me puse en contacto con ellos y fui a presentarles el proyecto. Como el costo no era demasiado alto iba con relativo optimismo. Tuve la suerte de encontrar entusiasmo de su parte, sobretodo por el lado de Julises quien práctica actividades al aire libre como la tabla y gustó de la idea. Él me sugirió que valía la pena subir un escalón más y presentarle el proyecto a la misma Herbalife Perú para que se trate de un auspicio corporativo.
Nunca en mi vida he tomado los productos de Herbalife. Se de gente que le ha funcionado y otros que no. Deduzco, por su crecimiento en el mercado nacional, que los primeros superan a los segundos. De lo que sí estoy convencido es que para un buen número de gente, los distribuidores, vender estos productos ha significado un cambio para bien en sus vidas y hacia eso me recomendó Julises que enfocara el proyecto a la hora de presentar la propuesta a la empresa.
Así, amplié la oferta por el auspicio y, junto a la promoción que significa la aparición de la marca en el reportaje, ofrecí también un paquete de fotos que podrían ayudarlos para fines de marketing interno. Fotos de andinistas subiendo la montaña, donde se vean parches con el logo en la ropa o mostrando en la cima una bandera, podrían servir para motivar a los cientos de distribuidores peruanos que, como todo montañista, también batallan por llegar a su cima, en su caso de ventas.
Después de darle la nueva oferta a Julises pasaron cerca de dos semanas sin respuesta. Cuando era niño recuerdo como mi madre anunciaba, con semanas de anticipación, la llegada de mi padre. Él era marino mercante y lo veía poco y su vuelta siempre me causaba ilusión, en buena parte gracias a que casi siempre volvía con algún regalo en las manos. Mi madre, ni corta ni perezosa, también lo sabía y lo anunciaba para tener con que chantajearme si es que me ponía rebelde en esos días de espera. Las semanas se me hacían interminables. Nunca el tiempo ha vuelto a correr con tanta lentitud como en esos años pero, mientras esperaba la respuesta de Julises, el calendario volvió a moverse casi con la velocidad de mi infancia.
Una tarde, cargado de angustia, lo llamé. No sabía que estaba en Los Ángeles hasta que me contestó. Brevemente me dijo que el proyecto estaba aprobado y que me ponga en contacto con la gente de marketing en Perú. Cambio y fuera. ¡Qué carajo!, no lo podía creer. La cosa estaba corriendo y nuevamente la posibilidad de hacer realidad mi sueño de llegar al apu esquivo estaba asomando.
Desde ese día he tratado de reunir un equipo potente, con los mejores representantes -y amigos- de los dos clubes limeños que más respeto, para luchar por llegar a su cumbre. He tratado de entrenar y de ir organizando las cosas lo mejor posible. Me he reunido con la gente de marketing de Herbalife para ver temas referidos al auspicio y aprender de pasada un poco más sobre cómo vender estos proyectos a empresas similares. He conseguido también financiar un ascenso al apu rival de Pariacaca, el nevado Huaytapallana ubicado cerca a Huancayo y que en el mito huarochirano encarna al demonio Huallallo Carhuincho, símbolo de la dominación de la cultura Huanca sobre los Yauyos.
En fin la cosa pinta por ahora bien. La fuerza del apu mayor de Lima todavía no se manifiesta. Espero que cuando lo haga sea para bien. Pase lo que pase creo que esta experiencia puede servir para algo más y sea replicada por otros. No es una locura que peruanos financien proyectos de peruanos en el Perú. Que nuestras montañas sean nuestro propio patio de juegos donde nos preparemos para salir más fuertes a canchas donde seamos la visita. Es una injusticia que alguien como Richard Hidalgo, deportista peruano que nos representa en la elite mundial, se tenga que subir al avión rumbo a Nepal con la duda de no saber si al llegar a su destino habrá conseguido cubrir el costo del pasaje. Acostumbrar a las empresas auspiciando proyectos pequeños ayuda en algo.
Tenía razón Renzo cuando nos dijo aquel día que el camino era duro. Conforme me meto más al mundo de la montaña más lo compruebo. Pero también tenía razón cuando dijo que los sueños no estaban ahí para dejarlos desvanecerse sino para luchar por ellos. Como leí hace poco “un sueño es la única mentira que puede dejar de serlo”. Eso también podría haber salido de la boca de Renzo.
PD: Renzo Uccelli falleció el año 2002 pero su obra nos acompaña hasta hoy. No creo que un peruano se merezca decir montañista -sin importar si escala, asciende o camina- sino conoce algo de él. Su testimonio sobre la primera expedición Perú 8 Mil se encuentra en un bello libro, escrito a dos manos con Ernesto Málaga, titulado “En el Techo del Mundo” que aún se encuentra en librerías. Otros títulos recogen parte de su obra fotográfica. El mejor, a mi entender, es “Apus”. No se arrepentirán.
Un amigo me mostró este texto que hizo hace un par de años volviendo de Choquequirao. Es un relato muy bueno, donde se siente la montaña y además otro homenaje a Renzo Uccelli:
www.viajeros.com/diarios/peru/las-casualidades-y-las causalidades