12. El Norte existe (y está lejos aún)

Octubre 24, 2009 por Aldo Arozena

Se dio la reunión de la comunidad montañera –o parte de ella en todo caso- la semana pasada. Hubo representantes de Lima, de Huaraz; se contó con algunos de nuestros escaladores más destacados; hubo gente vieja, gente joven y gente que no pintabamos gran cosa; estaban los que solo caminan, los que solo escalan y los que hace un poco de todo e incluso alguno que se dedica a organizar eventos de montaña. El tema que los convocó, como comenté en un post anterior, fue básicamente el asunto de la FEPADI.

Montañistas 4.0 en el Apu Raid 2007 ganando para variar. Ellos también son montañismo de alto nivel.

Montañistas 4.0 en el Apu Raid 2007 ganando para variar. Ellos también son montañismo de alto nivel.

Para poner en contexto a la gente que no entiende de que estoy hablando, hago a continuación un breve resumen: El montañismo peruano posee una federación llamada Federación Peruana de Andinismo y Deportes de Invierno, FEPADI. Ergo estamos al nivel organizacional del fútbol, voley y otros deportes de gran competencia. Por supuesto  esta última afirmación viene empapada en sarcasmo pues, como es obvio, nuestra federación ni suena ni truena.

Ninguno de los clubes medianamente representativos de las actividades de montaña en el Perú forma parte de la FEPADI. Los que sí están inscritos en ella son una serie de clubes que hasta el día de hoy nadie sabe a que se dedican y cuya existencia está puesta en seria duda. Por defecto el directorio y la presidencia de la FEPADI, ejercida desde hace ya varios años por el señor Sandro García Egoavil, serían ilegales ya que el voto de los susodichos clubes sería nulo para una elección.

La posición –o más bien el sentimiento-  de los clubes es que la FEPADI, además de tener un presidente que no debería estar ahí, tampoco los representa ni hace nada por acercarse a ellos. Por lo tanto la FEPADI, el ente que debería dirigir parte de las actividades de montaña peruanas no es el reflejo de estas y se encuentra muy lejos de cumplir su rol promotor de la actividad y de sus deportistas. Al menos en términos contrastables con la realidad porque en el papel la cosa es bien distinta y al menos oficialmente la FEPADI sí funciona.

Como conclusión –y de manera somera y sintetizada- los clubes en cuestión, cuya agremiación más destacada es la Asociación de Clubes de Montaña del Perú (ACMP), son de la idea de que la cúpula de poder de la FEPADI –o sea el señor SandroGarcía- debería dar un paso al costado y dejar que entes vrdaderamente representativos como ellos tomen las riendas de la organización.

Hay muchas sutilezas adicionales en esta problemática pero en esencia  la cosa va por ahí. ¿Alguien dijo Burga? A grandes rasgos, solo a grandes rasgos, es parecido.

Con todo esto el objetivo de la susodicha cita montañera fue aportar ideas, llegar a consensos y tomar acciones, está vez definitivas, sobre el tema. Así se hizo y, esperemos, así se haga.

Sin embargo en mi caso, que fui de sapo, el tema quedó un poco más esclarecido recién unos días después.

Desde hace un par de años, cuando Ricardo Rivadeneira de Aire Puro me empezó a ilustrar sobre el entrampamiento de los clubes en relación a la FEPADI, he estado medianamente al tanto del asunto. El año pasado escribí un post al respecto donde expuse mi punto de vista. En esencia este trataba sobre como,  teniendo ya una federación, no podíamos aprovechar las posibles ventajas que nos daría tenerla operando en perfecto estado y en pro de la montaña.

El fundamento de esta idea es el aval que dicha Federación podría dar a los clubes para que estos desarrollen proyectos, validen sus competencias y se conecten con el mundo a través de una asociación con los grandes entes internacionales de la montaña. Todo esto con fines de hacer crecer la base de practicantes del montañismo en nuestro país como paso previo al desarrollo de grandes proyectos liderados por grandes exponentes.

Con el fin de ubicarme mejor en los antecedentes del tema FEPADI, me reuní a la semana siguiente del conclave montañero con una persona de la cual no voy a dar nombre alguno por respeto al compromiso que tuve con él de no hacerlo. Su motivación fue simplemente ganas de no figurar. Fue una conversación verdaderamente ilustrativa y de sobra interesante. Mi interlocutor, alguien con  mucho background, me soltó varios conceptos atractivos e información de primera mano sumamente valiosa.

Una de sus opiniones que llamó más mi atención fue  la idea de dejar de ver hacia la base de la pirámide para empezar a ver su cima. Me explico: Antes que anchar la base de sus agremiados –lo cual tampoco está mal- una federación tiene como objetivo –y esa es la medida de su éxito- promover deportistas calificados. Es decir deportistas de primer nivel.  

Viendo las cosas así uno se da cuenta de cómo los objetivos de los clubes actuales no son necesariamente los mismos que deberían tener como parte de una federación. O como mínimo no están orientados con la firmeza que deberían tener.

Los clubes, víctimas de la necesidad de sobrevivir captando nuevos socios, se han orientado hacia la promoción de actividades de caracter masivo por sobre aquellas que podrían encajar dentro de una definición como es “alta  competencia”. Por lo tanto, si los clubes quisieran asumir el control de la FEPADI en algún momento, están en el deber de asumir un rol muchas más ambicioso al actual.

Cito de memoria una frase del susodicho que define mejor este parecer:  “Los clubes vigentes en los 80 buscábamos articular el norte de la disciplina con el norte ético. Hoy eso no pasa.” ¿Qué significa esta frase tan bonita? Sencillo.

Por norte ético describe una concepción comprometida del montañismo. Una visión que lo lleva a evolucionar siempre buscando hacer las cosas más difíciles y de mejor manera –tema de por si para un post independiente-. Por norte disciplinar se entiende la manera que tenían los clubes de montaña para estructurarse alrededor de este principio ético y así crear organizaciones promotoras de actividades –y deportistas- de primer nivel.

Bajo este esquema la organización de la FEPADI, que por cierto nace al amparo de estos clubes en el año 91, estaba en total concordancia con el espíritu imperante en sus instituciones de base, dejando así el escenario listo para empezar a desarrollar actividades de primer orden. Los clubes se validaban a través de sus éxitos, los éxitos validaban a la federación y todo respondía a la motivación de un espíritu –casi una concepción ideológica-  inherente a la propia actividad.

No voy a caer en la tentación de afirmar que el pasado fue mejor pues al fin y al cabo casi todos los clubes de los 80 terminaron diluyéndose en la nada y la FEPADI ha fracasado hasta mutar en el Frankenstein que es hoy.  Sin embargo sí rescato la idea de conjurar bien lo que deberían ser los clubes y lo que quisiéramos sea la FEPADI. Ricardo Rivadeneira lo dijo claramente el día de la reunión montañera: “Antes de nada debemos definir que tipo de organización deseamos”.

Sin un objetivo claro y sin clubes organizados de manera formal, capaces de relevar a la actual directiva de la FEPADI,  y con capacidad para promover actividades deportivas de alto nivel, las cosas no van a cambiar mucho. De esta iniciativa salvo eso sí algo muy positivo: Son los clubes más jóvenes –aunque de jóvenes poco tienen ya- quienes están interesados en liderar el cambio y quienes espero –al fin y al cabo soy socio de uno- quienes opten por jugar sus cartas de manera correcta.

Por eso es totalmente válida la idea trasversal a todo el discurso de mi interlocutor: Los clubes deben cambiar primero para después cambiar las cosas. Si deseamos que nuestros clubes formen parte de la Federación debemos aceptar las reglas de juego. Y si las reglas, como deporte federado, son las de promoción de deportistas pues debemos orientar nuestros esfuerzos hacia el cumplimiento de esos requisitos. Eso por supuesto si es que no queremos ser los nuevos clubes fantasmas de una futura nueva -e inutil- FEPADI.

Y no es tan difícil. Hoy en día el campeón de carreras por montaña Killian Jornet ocupa tantos titulares en la prensa especializada de montaña como las grandes expediciones al Himalaya o los logros en escalada deportiva de Chris Sharma. Y es que el montañismo se ha disgregado en una serie de actividades, muchas lejanas al espíritu de aquellas gestas heroicas del alpinismo clásico, que abren un abanico de posibilidades para redefinir el concepto “actividades de primer nivel”.

En este marco, por ejemplo, los logros de un club como Montañistas 4.0, cuya mejor seña de presentación son los podios obtenidos en cuanto raid de montaña se ha realizado en Lima, son a mi entender deporte de primer nivel.  Ya no se trata solo de abrir rutas de escalada de extrema dureza.

Así, ¿qué le puede faltar a Montañistas 4.0 para ser parte de una FEPADI? Probablemente solo formalizarse, trámite hábil de hacerse en menos de 30 días. ¿Qué capacidad de representar tendría? Mucha más que la de los actuales miembros de la Federación sin duda. ¿Por qué no lo ha hecho? No tengo ni idea.

El camino está trazado. Hay unos estatutos de la FEPADI, que me comprometo a buscar y difundir por este medio, y esos estatutos son los que nos muestran hacia donde ir. Ojalá la voluntad nos alcance para llegar hasta el final. Por lo pronto me da vergüenza contabilizar como de 12 post publicados, 2  -o sea el 15%- tratan estos temas cuasi burocráticos. Además de limitado ahora encima soy aburrido.