Se viaja a pie

Diciembre 18, 2009 por Aldo Arozena

Me da lástima desilusionar a Wilber del club Montañistas 4.0 pero la ruta que voy a reseñar a continuación no es una variante ni una novedad de la ruta que él y sus espartanos compañeros de club han hecho anteriormente. Lo que a ellos les tomó 16 horas y los llevó por 4 lagunas distintas –donde una era Laguna Arca- a mi me costó 12 horas de esforzado recorrido y solo para llegar a la susodicha Arca.  Sorry Wilber.

Empecemos diciendo que esta es una ruta para quienes estén en proceso de ponerse las cosas un poco más duras de lo habitual. Si solo has hecho Huanano y Antankallo, si ir a Marcahuasi te dejó al borde del colapso y acabaste alquilando acémila –o sea burro-, o si el desnivel del Bosque de Zárate te pareció una matanza, mejor piénsalo dos veces antes de intentar llegar a Arca.

No es una ruta imposible ni hay que ser atleta para intentarla, pero si tu deseo es que prime el goce por sobre la incertidumbre –como es el mío- mejor entrena bien y adquiere el conocimiento sobre tu cuerpo debido para hacer las cosas con la seguridad básica. Están avisados.

Bueno, a lo nuestro.

Para llegar a Laguna Arca, la hoja 24-k de la carta nacional del IGN, denominada Matucana, nos da varias alternativas. El punto común de todas es llegar justamente a Matucana, kilómetro 75 de la carretera central.

Desde Matucana se puede subir a los pueblos de Soca, Huillpa o Marachanca que son los distintos puntos de partida para llegar a Arca. Para acceder a estos pueblos debemos caminar entre 1 y 3 horas, aunque todos tienen acceso vehicular y hay al menos una vez al día carros que suben transportando gente y mercadería. Si van en vehículo propio -4×4 de ley- no hay problema. En cualquiera de los pueblos, hablando con la gente del lugar, pueden dejarlo a buen recaudo.

Para dormir tienen dos opciones. O ven si les prestan algún local  o ambiente -la gente en toda la sierra suele ser amable y lo hace- o arman carpa pidiendo el permiso respectivo.

Caminando a la salida de Marachanca.

Caminando a la salida de Marachanca.

En mi caso la ruta que realicé me llevó a Arca desde Marachanca (3100msnm). Hasta donde tengo entendido es la ruta más común, lo cual no quiere decir que sea la más corta. Su popularidad en todo caso deriva, al parecer, de  su accesibilidad. Desde Marachanca se sufre mucho menos para llegar a esta fuente de agua. Más allá de estas cuestiones técnicas, las dos visitas que he realizado me han descubierto un valor adicional que la hace más interesante.

Laguna Arca no se encuentra dentro del territorio del caserío de Marachanca. Es más, sus aguas, por curso natural, no deberían pasar ni de lejos por el pueblo. Sin embargo, gracias a acuerdos centenarios con los caseríos vecinos, el agua de Laguna Arca llega prestada hasta las laderas de Marachanca a través de una acequia, quizá de trazado también centenario. De no ser así el pueblo, probablemente, sería un recodo infértil, incapaz de desarrollar la agricultura a pequeña escala que lo caracteriza.

Concientes del trascendente rol que juega Arca para su existencia, todos los meses de mayo, durante la celebración de la tradicional Fiesta de la Cruz, los pobladores de Marachanca celebran una peregrinación a la laguna. Llevan consigo la vieja cruz, arreglada para la ocasión, que desde tiempos inmemoriales vela a los pies de Arca por su seguridad, protegiendo así la fertilidad de la tierra  y de la vida misma.

Se trata sin duda de una tradición depositaria de costumbres ancestrales,  maquillada de cristianismo a la fuerza por causa de los cruentos procesos de  extirpación de idolatrías llevados a cabo por las autoridades coloniales a partir del siglo XVII. No deja de ser curioso además que la laguna misma lleve un nombre con reminiscencias bíblicas como Arca. Sería interesante rastrear el origen del mismo. Por cierto esos mismos procesos de extirpación fueron también los que intentaron desaparecer el culto a Pariacaca, la montaña más esquiva del mundo.

Como sea, en tiempos más mundanos como los actuales, donde se habla de agua para todos y de futuras guerras por el mal llamado liquido elemento –es una sustancia no un elemento-, los pobladores de las alturas de Matucana nos enseñan, sin proponérselo, el principio elemental de solidaridad y equilibrio que debe primar en el uso de los recursos de la naturaleza. Visitar Arca teniendo presente esta realidad, abre la mente para  trascender del interés propio de la simple  experiencia deportiva y llevarnos a vivir la experiencia completa que es hacer montaña.

De Marachanca, salvo que seas una maquina de caminar, se debe partir de madrugada –golpe de 5am-  y teniendo una noción clara de la ruta. En mi caso la primera vez salí –junto al grupo encabezado por Richi Rivadeneira- a las 7 de la mañana y, entre extravíos y demoras, no se cumplió el objetivo con las consecuencias fatales que comenté en el post anterior.

El segundo intento en cambio fluyó mucho mejor. Después de la primera visita ya teníamos clara el 80% de la ruta. A esto le sumamos los 3 – ¿o fueron 4?- intentos adicionales e infructuosos que realizó mi amigo Fredy Portocarrero, con la intención de sacarse el clavo de aquel primer fracaso. A costa de errores sucesivos, Fredy descubrió todas las posibles metidas de pata que se podían tener en buena parte del camino. Gracias Fredy.

Contamos además con la compañía de otro Fredy, este de apellido Sánchez y natural de Maranchanca, cuya presencia nos permitía confiar plenamente en que, al menos en lo referido a la selección del recorrido, era ya casi imposible tener contratiempos. Vale la pena decir que este Fredy es un guía de primera. Si desean contar con sus servicios, indico al final del texto su número celular para que lo contacten.

Al dejar el pueblo se debe tomar un camino que asciende casi vertical y que los llevará hasta un grupo de eucaliptos ubicado a unos 100 o 200 metros más arriba –no de distancia, pues esta es mucho mayor-. Los reconocerán fácilmente desde abajo por estar agrupados en numerosa hilera, pues forman parte de la contención contra deslizamientos del pueblo. En el primer intento cometimos el error de tomar otra ruta que partía desde el pueblo en dirección noreste y bordeaba el cerro sin ascender. El rodeo que dimos producto de este error nos obligó a perder cerca de dos horas que a la postre nos significaron la derrota.

Desde los eucaliptos parte un camino hacia el noreste –o sea la dirección opuesta a Lima- de ascenso muy suave, salvo en pequeños tramos más pronunciados. Este camino se debe seguir por cerca de una hora hasta llegar a una pampa bastante amplia donde suele haber ganado. La reconocerán porque, por sus dimensiones, la verán como un sitio ideal para acampar.

Desde esta pampa, viendo directo hacia las laderas del cerro, tendremos a nuestra izquierda una quebrada con un paso claramente reconocible en su parte superior –ver foto- . Hacia ese punto debemos dirigirnos-.

Fredy Portocarrero en la pampa previa a la subida hacia el abra. La pueden identificar como el punto más bajo en el perfil de los cerros, casi a la mitad de la foto.

Fredy Portocarrero en la pampa previa a la subida hacia el abra. La pueden identificar como el punto más bajo en el perfil de los cerros, casi a la mitad de la foto.

Esta parte es una de las más pesadas de toda la ruta pues obliga a hacer un ascenso en diagonal a través de terreno empinado y repleto de arbustos. El punto de inicio desde la pampa se puede reconocer fácilmente por tratarse de un camino que parte subiendo hacia la izquierda. Sin embargo, después de unas decenas de metros, el camino desaparece entre la vegetación y es ahí donde la cosa depende de cada uno pues tendremos que elegir nuestra propia estrategia para continuar.

Una opción es avanzar en travesía, ascendiendo solo en tramos sencillos, hasta llegar a la quebrada y desde ahí subirla en vertical. Otra variante es subir en vertical, echándonos ligeramente hacia la izquierda, para dejar atrás la maleza lo más pronto posible y ganar altura rápido. La tercera es subir en diagonal pero no tan vertical, tratando de encontrar la otra parte del camino que aparece después de superar la mitad de la distancia que nos separa de la quebrada.

Sin importar la opción que elijas este tramo siempre va a ser un pequeño sufrimiento. Los arbustos forman una barrera natural que dificulta el avance y la presencia de ortigas y moscones deseosos de clavarle el diente a cuanta nalga pase por ahí, hacen de la subida un martirio. Mi recomendación es no hacer esta ruta en los meses posteriores a las lluvias –con lluvias menos- pues todas estas trabas se encuentran potenciadas a la N. Y por supuesto, por ningún motivo, se les ocurra ir en pantalón corto. Lo digo con conocimiento de causa.

En mi caso opté por la opción dos y me parece que es la más recomendable pues te saca pronto de los arbustos y evita subir mucho en el tramo final hasta el abra.

La zona del abra, conocida como Laguna Seca porque en época de precipitaciones se forma un pequeño estanque, es el punto ideal para descansar. Ya estamos por sobre los 4 200 metros de altura y el cambio de paisaje aquí es brutal. Atrás tenemos una vista espectacular del Rimac y la vegetación de la ladera del cerro por donde ascendimos. Por delante el mundo se muestra pedregoso, desagradable y seco, típico de estas alturas. Nos encontramos además en un punto de encuentro de muchas quebradas, que forman un nudo telúrico donde la tierra manifiesta su esencia mineral. O sea, no es un paraíso exactamente.

Miguel Beteta y –probablemente- el cerro Yana Yana nevado de fondo.

Miguel Beteta y –probablemente- el cerro Yana Yana nevado de fondo.

En Laguna Seca la mejor opción para continuar es subir por un callejón de roca que nace a unos pocos metros de esta y sube pegado al cerro hacia la mano izquierda. Es fácil detectarlo porque si no vamos por él deberemos descender un escalón de roca, de unos 8 metros de altura, para poder llegar a la parte baja de la quebrada que tenemos por delante. Nada recomendable pues nos obligará a un ascenso posterior mucho más pronunciado y probablemente a extraviarnos.

Desde su salida superior, el callejón nos permitirá realizar una travesía extensa, casi sin desniveles, a lo largo de la parte alta de las laderas de los cerros. Se trata de un camino muy tenue, casi imperceptible,  por el que debemos continuar por cerca de un kilómetro hasta llegar a una pequeña zona de pantano.

Superado el pantano volvemos a subir ligeramente, por unos cuantos metros más. Desde este punto ya falta muy poco para llegar a Laguna Arca aunque a la vista no hay ni sombra de ella. Esto se debe a que la laguna está escondida detrás de un promontorio de roca que sobresale formando un desfiladero por donde pareciera no haber más camino.

Nosotros, acompañados por el Fredy local y todo, escogimos ir por arriba del promontorio. A esas alturas ya estábamos a 4600 metros y esa última subida de poco más de  50 metros de desnivel resultó agotadora. Cuando desde la parte alta tuvimos la primera visión de Arca, bastante más abajo de donde nos encontrábamos, caímos en la cuenta que el supuesto desfiladero si era accesible y además era el camino correcto. Ojo en esta parte.

Como siempre prefiero no decir nada sobre el destino para motivar a algunos a visitarlo. El regreso, una vez  tomado el merecido descanso y hecha la clásica foto,  lo van a hacer sintiendo que la distancia hacia Marachanca es una cosa inhumana. Hasta este punto se han recorrido cerca de 9 kilómetros, superando 1600 metros de desnivel. Por lo tanto mejor tomarlo con calma pues todavía se deben tomar decisiones importantes para regresar sano y salvo.

La primera decisión es la vuelta hasta Laguna Seca. Se puede hacer retomando el camino de regreso –la larga travesía hasta el callejón de roca- o apostando por una variante más aventurada pero agradecidamente menos abusiva por ser toda en bajada.

Esta variante consiste en regresar por la parte baja de los cerros que nos llevaron a Arca, yendo derecho hasta el escalón de roca que se encuentra cerca de Laguna Seca. Para llegar a este punto debemos pasar por una zona conocida como Morococha, identificable por la presencia de dos pequeñas lagunas. Continúen bajando sin dejar de ver de vez en cuando hacia arriba pues es así, comparando con el camino de ida, como podrán detectar si ya se encuentran cerca del escalón.

Miguel Beteta y –probablemente- el cerro Yana Yana nevado de fondo.

La travesía final hacia Laguna Arca vista en casi su totalidad. En el filo izquierdo de la foto se ve la salida del callejón de roca.

Una vez con el escalón al frente deben tener muy buen ojo para detectar un acceso que permite subirlo sin contratiempos. Como si de un paraje del Mordor del Señor de los Anillos se tratara, deben ubicar este estrecho paso entre los barrancos de la zona. El mejor método para hacerlo consiste en ir pegado a la pared de roca que se encuentra a la derecha del escalón, caminando, en un corto tramo final, con un barranco a nuestros pies. Si no encuentran el acceso deberán hacer una pequeña escalada de mínimo grado pero que a esas alturas y sin equipo resulta ya demasiado comprometida. Suave con las caídas.

La salida del escalón nos dejará muy cerca de Laguna Seca. A partir de ahí todo es cuesta abajo con la salvedad que el mejor medio de regreso es tomar el camino que se adentra en la ladera de la montaña. Este camino lo ubicamos fácilmente cuando empezamos a descender por la quebrada y lo vemos entrar hacia la izquierda del cerro. Aunque desaparece en la maleza más adelante, ya en ese punto podremos ver la pampa al fondo, a unos 200 o 300 metros más abajo. A partir de ahí es solo cuestión de bajar por entre los arbustos a la mala y continuar hasta la salvadora Marachanca, probablemente ya muy cansados como para hacer alharaca al llegar. Yo no la hice.

Las tranquilas –y gélidas- aguas de Laguna Arca. Si quieren verla completa caminen pues.

Las tranquilas –y gélidas- aguas de Laguna Arca. Si quieren verla completa caminen pues.

¿Algo qué agregar? Sí.

Si deciden hacer esta ruta les recomiendo desconfiar de mi endeble capacidad de retención y memoria. En la medida de lo posible vayan con mapa, gps o, mejor aún, con alguien con experiencia en la ruta -en pocas palabras no me responsabilizo por lo que les pase-. Insisto que el amigo Fredy Sánchez de Marachanca es una buena opción, de pasada que dejamos nuestro óbolo a  la economía local.

En lo personal me queda decir que así me saque el clavo de la derrota previa. Me liberé de parte de mis temores y comprobé el buen estado de mi rodilla. Fue además una bella despedida de la montaña. Al menos por un tiempo. Mi hijo se manifiesta cada vez más a través de la hermosa barriga de Fiorella y sé que debo abandonar esta pasión por unos meses. Una pasión por otra, esperando que en algunos años ambas se encuentren.

Solo para terminar quiero agregar que no me interesa para nada volver a Laguna Arca. Lo veo como un camino largo, pesado y maldito, donde no deseo poner pie nuevamente. Pero también acepto que llegar a ella fue gratificante. No solo por la revancha sino porque en Arca esa idea, casi dogma para algunos, de que no hay mejor viaje que el viaje que se hace a pie, volvió a prevalecer. Y mejor si se hace con bueno amigos como los de ese día. Que así sea, por los siglos de los siglos.

El dato más buscado: Fredy Sánchez, guía oficial de Marachanca, 990677919 / 989016722